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Cultura · 11 de Juny de 2022. 09:39h.

Relatos de la vida corriente

María José Peña se estrena en la literatura

Relatos de la vida corriente

A María José Peña la conocí en Mauthausen, que -como se pueden imaginar- no es el lugar idóneo para conocer a una persona. Había yo ido con la Amical de Mauthausen a visitar el campo de concentración por simple curiosidad histórica -felizmente no tengo ningún pariente enterrado en él- y encontré a una alma gemela.

De hecho, no fue en Mauthausen en sí sino en algún trayecto en autocar entre el terrorífico campo y alguno de sus no menos terroríficos subcampos como Gussen o Ebensee, donde murieron tantos republicanos españoles.

Lo recordaba ella ayer durante la presentación de su libro “Miradas” -a la venta en Amazon- que estaba leyendo “El sobrino de Wittgenstein”, de Thomas Bernhard cuando nos conocimos.

Tengo la manía de intentar chafardear las portadas de los libros que lee la gente. Por si me he perdido algo o por si, al contrario, ya lo he leído. Sobre todo si son mujeres, por aquello de la sensibilidad femenina.

Nos hicimos amigos en seguida. De Bernhard había leído sus memorias aprovechando una gripe. Y posteriormente, desde luego, la biografía de su traductor, Miguel Sáenz. Como los diarios de Kafka, que aproveché otra gripe. Antes las gripes se curaban con lectura y frenadoles. Luego me la fui encontrando en algún acto en esta Barcelona convulsa.

María José Peña, que prudentemente oculta su edad en la solapa del libro, ha conseguido traspasar esa difícil frontera entre el lector voraz y el escritor. Ayer presentó como decía su libro de relatos (“Miradas”) -nada menos que 45 de una a tres páginas- en la Librería Byron de Barcelona.

Desde luego hay uno sobre Bernhard pero también otros estrictamente personales: “Yo tenía veinte años”, “Una carta de amor”, “Despedida”. Sólo me asusté cuando leí el título del último “Una mujer con flequillo” porque me vino a la cabeza Ana Gabriel.

Ricardo Fernández, miembro del colectivo de escritores El laberinto de Ariadna, la sometió a un interrogatorio juicioso durante la presentación. Nacida en Granada, afincada desde hace muchos años en Barcelona, madre de dos hijas que para mi desespero hablan alemán y abuela de un par de nietos que tocan el piano.

Como dijo el propio Ricardo Fernández, “todo escritor es antes un lector”. La autora confesó que lee de todo. “Me gustan las biografías” pero también la poesía. Empezó con las lecturas habituales: “Mujercitas” y “La Isla Misteriosa” de Julio Verne. “Lo que pillaba, lo que le birlaba a mis hermanas.

Eran cuatro chicas y un chico o sea que había mucha cosa para birlar. También se leía “El Noticiero Universal de pe a pa”. “Vuelvo siempre a la lectura de los centroeuropeos”, añadió y cito entre otros a Sándor Márai. “También a los hispanoamericanos como Lázaro Covadlo -el escritor argentino afincado en Sitges asistió a la presentación- y Mario Benedetti.

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María José Peña es también “devota de los Atlas” porque le gusta situar no sólo los personajes sino también los lugares. Y aunque insistió que “no tengo nada de especial soy una persona corriente” pensé, por momentos, que su matrimonio era un "infierno".

Al final del acto hasta me atreví a pedir un aplauso para el marido, que estaba en primera fila, porque María José es mujer que lee siempre en papel, “acribilla” los márgenes de las páginas a base de notas y … ¡escribe por la noche!. Como Kafka, por cierto. “Hay tranquilidad, sosiego y calma” explicó aunque “puedo convivir con cierto sonido doméstico”.

Todo cambió con la pandemia en que, aparte de su Facebook, empezó a escribir más de cara al público. Incluso le pidieron una colaboración en la obra colectiva “Otra vez ayer: Relatos desde la cabaña” (2020).

Saca sus relatos de la vida cotidiana: “A veces veo una mujer que entra o sale de una cafetería y ya me invento una situación”. “La vida corriente es mi inspiración”, insistió./ Una reseña de Xavier Rius

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1 Comentaris

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#1 Onofre de Dip, Vigo, 11/06/2022 - 12:34

Yo también leí "Mujercitas" en mi adolescencia. Es un libro precioso, que recomiendo a cualquier hombre.
Y menos mal, Xavier, que escribe usted artículos de tema cultural de vez en cuando. Por nuestra propia salud mental. Porque, de otra manera, sería muy difícil tragarnos a diario la insoportable realidad catalana.